sábado, 4 de febrero de 2012

Aprender de la Naturaleza

Nadie puede hacer alarde de vivir una vida sana y equilibrada sino respeta los ritmos de la naturaleza. Cada reino puede aportarnos mucho si decidimos escucharlo. Y al igual que nosotros podemos y debemos ayudarlos en su evolución, ellos también nos ayudan a nosotros en la nuestra.  Del reino animal podemos aprender muchas cosas. La sabiduría popular relaciona las características de la mascota con las del dueño y es bien sabido que muchos animales, por amor, asumen parte de la deuda kármica de sus dueños en forma de enfermedad. Del reino vegetal podemos intuir el estado de vitalidad de nuestro hogar. El hecho de tener un jardín o un balcón o un arreglo floral nos ayuda a expresar nuestra creatividad, aportan un elemento vivo a nuestra casa y nos ayudan a ampliar nuestra capacidad de preocuparnos por los demás. Del reino mineral también podemos integrar ciertos conocimientos muy interesantes. Algunos cristales que siempre expresan un determinado tipo de vibración, como el cuarzo rosa, pueden servirnos para crear ambientes determinados en nuestro hogar.

Por otro lado la belleza transitoria de la naturaleza, si reflexionamos un poco, puede ayudarnos a comprender temas tan abstractos como la vida y la muerte o la belleza de todos los periodos de la vida.  Observar el amanecer o la puesta del sol es una actividad sumamente enriquecedora, aunque muchas veces no tengamos posibilidad de dedicarle un poco de tiempo, si lo hacemos los beneficios que experimentaremos serán muy importantes. Al observar el cambio de las estaciones, primavera, verano, otoño e invierno, realizando actividades propias de cada estación  y aprovechando para consumir productos de cada temporada, nos sentiremos más integrados con la naturaleza y sin esa sensación que dan las grandes ciudades y la comida preparada, de separación del entorno natural. Ver pasar las nubes nos vincula a la transitoriedad de todos los acontecimientos. Gozar del sonido del flujo y reflujo del mar o de un río nos ayudan también a reforzar esta idea de transitoriedad de todo.



Para todos aquellos que vivimos en una gran ciudad es cada vez más necesario y terapéutico salir de vez en cuando a hacer una excursión, a abrazar un árbol o a mantener un dialogo con la naturaleza. No solamente para recargar pilas sino para reforzar la idea  de que con cualquier reino de la naturaleza la sincronicidad y el lenguaje de los símbolos está mucho más vivo que en las montañas de asfalto, acero y hormigón.

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